Se acaban por marchar todos. Antes o después, se largan y no suelen volver. Y cuando vuelven, tan solo es para recalcar el hecho de que no vale la pena. Idiotas. Ya lo sabe, ya lo tiene asumido. Si estuviera en la piel de otros, jamás se acercaría a ella. ¿Para qué perder su tiempo en hablar con una persona que no responde a ningún estímulo? Demasiado joven para estar tan vacía, quizás. Pero no le importaba. En realidad, no le importaba nada. Su frío cuerpo se levantaba cada mañana con la intención de seguir la misma rutina que siempre.Que el día pasara con la máxima rapidez posible para huir de la luz y volver a la oscuridad de su habitación donde no tenía que ver su propio rostro deteriorado por el insomnio. El espejo de la habitación había sido roto hacía ya semanas, esparciéndose por el suelo en pequeños añicos. Tenía guardado en el armario uno de ellos. Un pequeño trozo de espejo con forma triangular, que le cabía en la mano. Solía mirarse lo ojos allí porque en sus pupilas aún se podía observar la sombra gélida de él.

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Sonríe bajo la lluvia...