Se acaban por marchar todos. Antes o después, se largan y no suelen volver. Y cuando vuelven, tan solo es para recalcar el hecho de que no vale la pena. Idiotas. Ya lo sabe, ya lo tiene asumido. Si estuviera en la piel de otros, jamás se acercaría a ella. ¿Para qué perder su tiempo en hablar con una persona que no responde a ningún estímulo? Demasiado joven para estar tan vacía, quizás. Pero no le importaba. En realidad, no le importaba nada. Su frío cuerpo se levantaba cada mañana con la intención de seguir la misma rutina que siempre.Que el día pasara con la máxima rapidez posible para huir de la luz y volver a la oscuridad de su habitación donde no tenía que ver su propio rostro deteriorado por el insomnio. El espejo de la habitación había sido roto hacía ya semanas, esparciéndose por el suelo en pequeños añicos. Tenía guardado en el armario uno de ellos. Un pequeño trozo de espejo con forma triangular, que le cabía en la mano. Solía mirarse lo ojos allí porque en sus pupilas aún se podía observar la sombra gélida de él.
sábado, 29 de octubre de 2011
martes, 25 de octubre de 2011
Go away...
Siempre he querido hacerlo. Irme. Dejarlo todo atrás. Sin decirle adiós a nadie, no se me dan bien las despedidas. Que nadie sepa a donde voy, que nadie llore por mí, que nadie me extrañe. Que nadie intente buscarme, que sea como si yo nunca hubiese existido. Que la soledad me haga reflexionar y encontrarme a mí misma, lejos de toda la hipocresía que me rodea. Nueva ciudad, nuevas personas, nuevas costumbres. Andar por las calles de alguna gran ciudad rodeada de desconocidos que no gastarían su tiempo en dedicarle una mirada a esa chica que anda por la acera sin rumbo fijo. Esperar en la parada del taxi mientras la lluvia empapa mi pelo y el viento se cuela por mi cuello. Encender un cigarrillo y cerrar los ojos mientras el humo inunda mis pulmones. Subir a ese coche y dirigir al conductor hacia la que sería mi nueva casa. Mirar las gotas deslizarse por el cristal de la ventanilla. Dejar unos cuantos billetes en el asiento e irse sin mirar atrás. Entrar y tirarme en el colchón mientras me quito las bailarinas inundadas. Taparse con las sábanas blancas para luego volver a levantarse por culpa del insomnio. Abrir la ventana y asomarse al pequeño balcón. Dejar de contener las lágrimas y que se mezclen con las gotas de agua. Mirar al cielo y ver tu nombre entre lo astros que tiritan. Volver a dentro. La vida sigue.
lunes, 24 de octubre de 2011
Malas decisiones...
Abro los ojos lentamente y mi mirada se posa automáticamente en ti. Durmiendo pareces tan inofensivo...Y en realidad eres tan adictivo. Te necesito, te necesito tanto que he aprendido a vivir sin ti. A aprovechar esos días en los que me das la oportunidad de estar contigo, a contener las lágrimas cuando te veo marchar, a olvidar que tengo sentimientos. Parezco tonta, dándotelo todo a cambio de nada. Pero tu sola presencia me hace la persona más feliz. Tanto que ya ni le doy importancia al dolor que me abrasa el pecho cuando no tengo noticias tuyas. Al fin y al cabo, siempre ha sido así, nunca has sido mío. Me has convertido en la muñeca de cristal vacía que estoy hoy y aún así me niego alejarme de ti. Vale tanto la pena arriesgarme a destrozarme la vida por ti.
Sonrío, aprovechando los últimos minutos contigo antes de que despiertes y te vayas, sin decirme cuando volverás.
Sonrío, aprovechando los últimos minutos contigo antes de que despiertes y te vayas, sin decirme cuando volverás.
La lluvia de París.
Su mundo no es como el de los demás. Ella quiere más, exige más. Hay en ella una sed de infinito, una angustia constante que ni ella misma comprende. Está lejos de ser una persona...Es una alma intensa, violenta, atormentada, una alma que no se siente bien donde está. Nació un día lluvioso de julio, un día en el que las palabras alcanzaron su máxima ambición, fruto de una unión sin amor que acabó poco después de su creación. No está de acuerdo con más de la mitad de este mundo y su mente es tan oscura como tus miedos más profundos. No llora por ser débil, llora por haber sido fuerte demasiado tiempo en un mundo que se empeña en hacerle odiar sus sueños. Ha caído, se ha roto muchas veces pero sigue adelante, cual coleccionista recomponiendo la frágil piel de porcelana de sus muñecas. Le gusta el frío, la lluvia y el cielo gris...
Echa de menos la lluvia de París.
Echa de menos la lluvia de París.
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